El conversatorio “Construyendo futuro entre generaciones”, organizado por Fundación Grandes y el Observatorio para la Inclusión de la Universidad Andrés Bello, reunió a representantes del Estado, la academia y la sociedad civil para reflexionar sobre los desafíos que plantea el acelerado envejecimiento de la población. Se planteó la necesidad de abordar esta realidad desde la inclusión e integración intergeneracional en las políticas públicas.
¿Cómo queremos convivir en una sociedad en la que cuatro e incluso cinco generaciones pueden compartir al mismo tiempo? Esa fue una de las preguntas que marcó el conversatorio “Construyendo futuro entre generaciones”, realizado por Fundación Grandes y el Observatorio para la Inclusión de la Universidad Andrés Bello, en el marco de la presentación del documento “Bases para Políticas de Inclusión Intergeneracional en Chile”.
La actividad reunió al subsecretario de Servicios Sociales del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, Alejandro Fernández; a la directora del Observatorio para la Inclusión UNAB, Alejandra Ríos; al director ejecutivo de Sello Mayor, Octavio Vergara; al fundador y presidente de Fundación Grandes, Eduardo Díaz del Río; y al director ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas de la UNAB, Raúl Figueroa. La conversación fue moderada por el periodista y gerente de Contenidos Estratégicos de La Tercera, Polo Ramírez.
Al abrir el encuentro, Eduardo Díaz del Río planteó la necesidad de ampliar la forma en que Chile aborda el envejecimiento. Si bien materias como las pensiones, la salud, los cuidados y la dependencia son fundamentales, señaló que el cambio demográfico obliga también a preguntarse cómo queremos relacionarnos en una sociedad en la que convivirán más generaciones que nunca.
“El verdadero desafío de una sociedad que envejece no es solamente vivir más años. Es aprender a vivir esos años juntos”, afirmó.
El presidente de Fundación Grandes destacó que durante sus cinco años de trayectoria la Fundación ha apoyado, a través del Fondo Grandes, 47 proyectos de organizaciones de la sociedad civil que promueven un envejecimiento activo, digno y saludable. Este año, 11 de ellos incorporan un componente intergeneracional.
De la segmentación por edad al encuentro entre generaciones
Durante el conversatorio, el subsecretario Alejandro Fernández invitó a dejar de observar el envejecimiento únicamente desde los problemas que plantea y comenzar a reconocer también las oportunidades asociadas a la longevidad y a la convivencia de distintas generaciones.
En ese sentido, advirtió que desde el Estado las políticas tienden a construirse de manera compartimentada según grupos etarios, en lugar de considerar la trayectoria de vida de las personas. Frente a ello, destacó las capacidades complementarias que pueden aportar las distintas generaciones: mientras las personas mayores cuentan con experiencia, conocimientos y disponibilidad de tiempo, los jóvenes aportan, entre otros aspectos, nuevas habilidades tecnológicas, energía y cercanía con las tendencias emergentes.
Fernández también abordó la crisis de vinculación y la soledad que afecta especialmente a jóvenes y personas mayores, planteando que allí existe una oportunidad para generar políticas y espacios que permitan el encuentro entre ambos grupos.
Por su parte, Alejandra Ríos explicó que el cambio demográfico obliga a comenzar a planificar una sociedad que facilite deliberadamente el encuentro y el aprendizaje mutuo entre generaciones. Para ello, destacó la importancia de recoger evidencia, conocer experiencias internacionales y pensar incluso en el diseño de espacios físicos que favorezcan esa convivencia.
La directora del Observatorio para la Inclusión destacó además que, si bien la nueva Ley Integral de las Personas Mayores está dirigida específicamente a este grupo y establece principios y derechos para su protección e inclusión, el desafío es que esta mirada trascienda las políticas destinadas a las personas mayores y permee otros ámbitos de la sociedad y del Estado. Para ello, señaló, se requiere también avanzar hacia un cambio cultural.
Una sociedad que valore las capacidades, no solo la edad
Octavio Vergara puso el acento en la magnitud del cambio que está experimentando Chile y en la necesidad de dejar atrás los estereotipos asociados a la edad. Señaló que hoy cerca del 80% de las personas mayores son autovalentes y que en el país viven alrededor de 7.000 personas de 100 años o más, una realidad que hace algunas décadas era excepcional.
Desde su experiencia trabajando la longevidad en las empresas, sostuvo que uno de los caminos para favorecer la intergeneracionalidad es dejar de segmentar exclusivamente por edad y generar espacios a partir de intereses comunes. De esta manera, personas de distintas generaciones pueden encontrarse desde aquello que las une, manteniendo al mismo tiempo su individualidad.
Los participantes coincidieron en que avanzar hacia una sociedad intergeneracional requiere un esfuerzo colaborativo entre el Estado, la academia, la sociedad civil y otros actores, junto con políticas que sean capaces de considerar las distintas realidades territoriales.
Cuando las generaciones se encuentran
La jornada finalizó llevando la conversación desde las políticas públicas a un caso concreto. Juanita Yáñez, de 72 años, y Joanny Morales, de 43, compartieron su experiencia como “mingueras” de Minga Senior, programa desarrollado por Fundación Gastronomía Social y financiado por el Fondo Grandes.
A través de la cocina, mujeres de diferentes edades tuvieron la oportunidad de aprender y trabajar juntas, distribuyendo roles y aportando desde sus propias capacidades. La experiencia permitió comprobar cómo los conocimientos y la trayectoria de las participantes mayores podían complementarse con las habilidades y perspectivas de generaciones más jóvenes.
El testimonio reflejó una de las principales ideas que atravesó el conversatorio: la convivencia entre generaciones no surge únicamente porque personas de distintas edades compartan una misma sociedad. Requiere generar espacios donde puedan encontrarse, conocerse, colaborar y descubrir cuánto tienen para aportar y aprender unas de otras.
Con la presentación de “Bases para Políticas de Inclusión Intergeneracional en Chile”, Fundación Grandes y el Observatorio para la Inclusión UNAB buscan contribuir a abrir esta conversación y aportar evidencia y propuestas que permitan incorporar transversalmente la intergeneracionalidad en las políticas públicas.
Porque frente a una sociedad cada vez más longeva, el desafío no es solamente sumar años de vida, sino construir las condiciones para vivirlos juntos.










